¿Qué transformaciones concretas ha observado en la valoración del rol directivo femenino dentro de la cultura organizacional durante la última década?
Durante la última década he observado transformaciones significativas, aunque desiguales, en la valoración del rol directivo femenino.
En primer lugar, se ha producido un reconocimiento creciente del liderazgo de la mujer como un activo estratégico, especialmente en contextos complejos donde la gestión del cambio, la innovación y la articulación de múltiples actores son clave.
Habilidades históricamente asociadas a nosotras, como la escucha activa, la construcción de consensos, la mirada sistémica y la orientación a las personas, hoy son valoradas como competencias críticas y no como atributos secundarios.
Desde su experiencia en el sector tecnológico y público-privado, ¿cómo ha cambiado la apertura hacia las mujeres en los espacios de decisión?
He observado una mayor apertura a la participación de mujeres en espacios de decisión, ya no solo como representación simbólica, sino como actores estratégicos. Sin embargo, este avance no ha sido lineal ni homogéneo, pues aún persisten barreras culturales, sesgos inconscientes y estructuras que dificultan el acceso a roles de mayor influencia.
Por otro lado, hoy existe una mayor exigencia de coherencia institucional: las organizaciones ya no pueden limitarse a discursos sobre diversidad, sino que se les demanda evidencia concreta en políticas de liderazgo, desarrollo de carrera, conciliación y corresponsabilidad.
¿Cuál considera que es el impacto final de este cambio cultural en las organizaciones y ecosistemas?
El liderazgo femenino ha contribuido a impulsar culturas organizacionales más transparentes, colaborativas y orientadas a resultados sostenibles.
Percibo un cambio cultural profundo donde las mujeres en roles directivos ya no buscan únicamente “ocupar espacios”, sino transformar la forma en que se lidera, incorporando una visión más humana, inclusiva y orientada al impacto.
Este cambio no solo beneficia a las mujeres, sino que fortalece a las organizaciones y a los ecosistemas en su conjunto, promoviendo una evolución hacia liderazgos más efectivos y conscientes.