FAMILIA BRÖNSTRUP – GRUPO SELECTA
Esa manera de trabajar nos enseñó mucho y, con el tiempo, junto con mis hijos, vimos la importancia de mantener esa idea de diversificación, pero a otra escala.
Así empezamos a cultivar yerba mate, luego nos fuimos expandiendo a soja, maíz y trigo, y en el caso de la ganadería, fue algo que heredé de mi suegro. Con esfuerzo y constancia, eso también creció y lo convertimos en una unidad de negocio. De esa visión de crecer, pero sin dejar de lado los valores familiares, fueron surgiendo seis empresas y una fundación, cada una dedicada a diferentes rubros, pero con un mismo espíritu de trabajo y compromiso con la gente.
Creo que lo más importante siempre fue trabajar con pasión, calidad y constancia. Desde el principio tuvimos claro que producir es solo una parte del trabajo: lo más difícil es vender, llegar a la gente, ganarse su confianza. Siempre buscamos crecer, incorporar nuevos productos y mantenernos fieles a la honestidad y al esfuerzo diario.
Nos apoyamos unos a otros en la familia, y eso nos dio fuerza para superar los momentos difíciles. También tuvimos la suerte de contar con personas que nos acompañaron durante años, trabajadores y productores que confiaron en nosotros. Esa unión, esa red de confianza, fue clave para mantenernos firmes en el tiempo.
Desde el comienzo, la familia y la empresa fueron una sola cosa. Cada uno tenía su tarea: uno se encargaba de la parte administrativa, otro del campo, otro de vender. Nos complementábamos y siempre nos apoyábamos. Mi esposa fue mi mano derecha, mi secretaria, la que me ayudaba con los arreglos y las cuentas.
Trabajar en familia no siempre es fácil, pero cuando hay respeto, cariño y una misma visión, las cosas salen adelante. Nosotros siempre soñamos con construir algo que también sea fuente de trabajo para otros, y con el tiempo, ver a los hijos y nietos seguir con esa misma pasión es la mayor recompensa.