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“El trabajo honesto es el único camino aceptable para la realización de nuestros objetivos.”

Nuestra empresa familiar empezó ni bien comenzaba el siglo pasado con la llegada de mis abuelos, Sara Salum y Abraham José Chihan, inmigrantes sirios cristianos, a América.
FAMILIA CHIHANSENA

Nuestra empresa familiar empezó ni bien comenzaba el siglo pasado con la llegada de mis abuelos, Sara Salum y Abraham José Chihan, inmigrantes sirios cristianos, a América.

Los inicios fueron durísimos. No solo llegaron sin idioma, profesión ni capital, sino que además tuvieron que atravesar guerras en las que perdieron contacto con los proveedores de la mercadería que importaban a nuestro país, para su distribución en la capital y el interior.

Con el correr del tiempo, en los años treinta, lograron establecerse sobre la calle principal, hoy calle Palma, cerca del Mercado Guazú. Allí iniciaron un pequeño negocio de venta de telas, Casa Chihan. A fuerza de sacrificio, perseverancia y trabajo honesto, esa tienda fue creciendo con el tiempo.

La diversificación del objeto del trabajo sobrevino en los años setenta, con la energía y visión de la segunda generación: mi tío Adip Chihan y mi padre Miguel Ángel Chihan. Iniciaron la importación y distribución de artículos de toilette de origen americano y, más tarde, de las primeras marcas francesas de perfumería de renombre mundial. En el año 2000 se habilitaron las primeras dos tiendas de venta retail, Fuschia Perfumes y Cosméticos, trayendo así de las grandes capitales del mundo a Asunción el concepto más moderno de la época.

Mi hermano Miguel Ángel y yo hemos crecido junto a la empresa. Apenas terminado el colegio, iniciamos nuestro camino en la empresa familiar la que dirigimos hasta el día de hoy.

Estamos acompañados de cerca e impulsados y motivados por una cuarta generación maravillosa que con profundo respeto y amor a la empresa es ya parte del directorio: mis sobrinos Cristian Saavedra, Jonathan Ray, Iusef Chihan y mis hijos Arturo y Rodrigo R. Chihan. Es una historia de mucho trabajo y mucho amor.

Hemos aprendido todos, desde muy temprana edad, que el trabajo honesto es el único camino aceptable para la realización de nuestros objetivos materiales, y que el respeto es la llave para el entendimiento y la armonía en la familia. Más allá de las diferencias generacionales, de vivencias, estudios o experiencias, lo que siempre prevaleció fue la continuidad de la familia empresaria en armonía. Ese legado compartido ha sido el verdadero factor que sostuvo a la empresa a lo largo del tiempo.

La apertura que las generaciones anteriores tuvieron hacia la juventud y sus ideas nos permitió crecer y nos dio alas para volar juntos. Hoy nos corresponde a nosotros ejercer esa misma apertura con la siguiente generación, validando su entusiasmo, su formación y su visión de futuro.

Habiendo trabajado desde los dieciocho años en la empresa, esta ha sido una presencia constante en mi vida. Con hijos pequeños, la tarea se vuelve más difícil y, a la vez, más satisfactoria. Criarlos en un ambiente de trabajo contribuyó enormemente a su formación como personas de bien. Hubo muchas renuncias y muchas alegrías; todo valió ampliamente el esfuerzo. Hoy me siento realizada y feliz de haber cumplido mi misión dentro de la empresa familiar y de poder ver un maravilloso futuro por delante.

Redacción CEOpy:
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