FAMILIA MERELES – LISPAT
Así, con el tiempo, aumentamos la variedad, y con el apoyo de Celso, Luciana inició los cursos de Panadería y Confitería con la profesora Rosa O’Tara de Benegas, a los que viajaba hasta Asunción para participar durante todo un año. A medida que se expandían los buenos productos que Luciana realizaba, una cocina de cuatro hornallas ya resultaba pequeña para la cantidad de pedidos solicitados.
Es así como en 1996, y con miedo, nos animamos a solicitar un crédito al Banco de Fomento. Destinamos el dinero a la compra de maquinarias (horno, amasadora y batidora) y otra parte a la compra de un terreno en el que veíamos en un futuro el local donde venderíamos estos productos. Un año después, en 1997, con la preparación del pequeño salón de tres por cinco metros, nace oficialmente la Panadería y Confitería Lispat, que fue creciendo como una empresa familiar, con los hijos de la familia criándose bajo el mostrador y siempre en un ambiente de trabajo, un trabajo en equipo.
Los principales factores que nos han llevado a mantenernos en el tiempo son la disciplina, el respeto y el cumplimiento con nuestros clientes, además de ofrecer productos con materia prima de primera calidad. Nuestra empresa no conoce domingos ni feriados. Los productos siguen elaborándose por los propios dueños y con dos ayudantes en la parte de panadería.
Desde temprana edad, los hijos de la familia acompañaron a sus padres tanto en la elaboración de la variedad de productos como en la atención al cliente. Cada uno tenía un rol fundamental en cada parte de la empresa, y a medida que ellos también fueron creciendo, tomaron sus propios caminos, también ya en crecimiento. Actualmente contamos con una administradora de empresas y los demás hijos en el ámbito médico que, aunque por momentos estén de paso, no dudan en ayudar en lo que sea necesario. Así como esta empresa hizo que se formaran profesionales, ahora estos son los que ayudan a crecer a la empresa, en equipo y con esfuerzo en familia.