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Mi niñez está cargada de momentos felices vinculados al pesebre, tan tradicional en nuestro país. Haciendo una relación del pesebre con la empresa familiar, en ambos tenemos presente a la tradición y a la transición.
La tradición del pesebre hecho en casa, que se inició con mi abuela, continuó con mi madre y ahora con mi esposa, hasta hoy aglutina a la familia a su alrededor.
Después de un tiempo, casado y con hijas, se inició el pesebre viviente, gracias a una genial idea de mi prima, teniendo como actores a nuestros hijos, siendo los ensayos y la puesta en escena motivo de reunión y unión familiar.
Corresponde señalar que, durante unos años, esta actividad tuvo una pausa, por falta de actores. Gracias a la fuerza interna de la familia y el deseo de unión y tradición se logró el recambio generacional y con la presencia de los nietos el pesebre volvió a emocionarnos y a reunirnos.
Hagamos una suerte de paralelismo con lo que es muy deseable que ocurra en las empresas familiares, de modo tal que la tradición pueda continuar con el paso del tiempo a través de las nuevas generaciones.
Con el sentimiento que traen estas fiestas, con aroma a flor de coco, deseo que en cada hogar y en cada empresa el nacimiento del Niño Jesús renueve nuestros recuerdos, emociones y corazones.
¡FELIZ NAVIDAD!

