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FAMILIA FONTCLARA – INPANADERIA LA PALMERAVSKY
Don Federico decidió dejar atrás su tierra natal, marcada por las secuelas de la Primera Guerra Mundial, en busca de nuevas oportunidades. El Paraguay los recibió con esperanza y, tras evaluar el potencial del país, él regresó a España para traer a su esposa y a sus tres hijos mayores. Ya en Asunción fueron padres de tres hijos más: Dolores, Juan y Aurora.
En 1941 falleció Don Federico y tomó el mando el mayor de sus seis hijos, Luis Fontclara Salva, quien como hijo mayor se hizo cargo de la panadería. Para entonces ya se había incorporado un almacén a la panadería y fideería. Además de la venta en el local, se realizaban repartos en carritos o jardineras tiradas por mulas, que recorrían casas y negocios. Don Luis Fontclara Salva se casó con Doña Isabel Báez y tuvo cinco hijos. Cuando él falleció, se hizo cargo de la empresa la tercera generación, encabezada por Luis Fontclara Báez y sus hermanos Amparo, Dolores y Carlos. En la actualidad, La Palmera se encuentra administrada por un directorio conformado por integrantes de la cuarta generación de los Fontclara.
Desde entonces, La Palmera ha sido mucho más que una empresa: ha sido un símbolo de tradición, esfuerzo y compromiso. A lo largo de sus 95 años logró mantenerse vigente gracias a la calidad constante de sus productos y al sabor inconfundible que ha acompañado a generaciones de paraguayos. Lógicamente, atravesó muchas adversidades, pero siempre se mantuvo enfocada en preservar la tradición y la calidad del buen pan. Con el tiempo surgieron otros ramos de producción, además de los panificados, como la confitería y la gastronomía, que tuvieron muy buena aceptación entre nuestros clientes.

En los últimos cinco años nos enfocamos en la profesionalización de la empresa para que estuviera mejor estructurada, preparada para los nuevos tiempos y en condiciones de seguir creciendo y maximizando la rentabilidad. Sin olvidar que cada pan, cada factura y cada aroma que sale del horno lleva consigo el legado de quienes nos precedieron y el compromiso de quienes hoy continuamos esta historia.
La administración familiar fue siempre un pilar fundamental, aunque no exento de desafíos. En un mercado cada vez más competitivo, aprendimos a combinar la pasión heredada con una gestión moderna y profesional. Encontrar ese equilibrio entre lo emocional y lo estratégico fue clave para sostener el crecimiento sin perder nuestra esencia.
Hoy, bajo el liderazgo de la cuarta generación, La Palmera sigue siendo un lugar donde el pasado y el presente se encuentran en cada receta, en cada cliente que vuelve por “el sabor de siempre”, y en cada miembro de la familia que aporta su energía para seguir construyendo este legado.


