Tras doce años de liderar el mercado y acompañar la evolución del ecosistema local, Mauricio Salerno, Gerente General de TAXit!, analiza cómo la integración entre la facturación electrónica y la automatización corporativa redefine la administración, permitiendo que tanto profesionales independientes como grandes corporaciones migren de la simple obligación fiscal hacia una gestión inteligente del negocio.
Hace más de una década, el mercado operaba bajo dinámicas estrictamente manuales. ¿Cómo evalúa el punto de partida de TAXit! y de qué manera ha cambiado la relación del contribuyente con sus obligaciones fiscales?
Hace doce años, cuando comenzamos con TAXit!, nuestro desafío era demostrar que gestionar los impuestos no tenía por qué ser complicado. En aquel momento, casi todo dependía del papel, de procesos manuales y de sistemas poco amigables para el usuario.
La relación con los impuestos estaba marcada por la complejidad, la incertidumbre y la sensación de que era un tema reservado para especialistas.
Hoy esa realidad cambió. Las preguntas que recibimos ya no son solamente cuánto hay que pagar o cuándo vence una obligación. Una persona independiente quiere emitir una factura desde su celular en cuestión de segundos, saber que toda su información está en orden y seguir trabajando. Una empresa busca integrar procesos, automatizar tareas y contar con información confiable para tomar mejores decisiones.
Ante estas nuevas demandas, ¿de qué forma debió reconfigurarse la estrategia del negocio para alinearse con las necesidades actuales de los usuarios?
Ese cambio también nos hizo replantear nuestra propia manera de entender el negocio. Con el tiempo entendimos que el verdadero problema nunca estuvo en los impuestos, sino en la complejidad que existía alrededor de ellos. Y cuando cambia el problema, también tiene que cambiar la forma de resolverlo. Durante muchos años pensamos la facturación electrónica y la gestión tributaria como procesos separados.
Hoy esa división perdió sentido. La factura electrónica genera información; la gestión tributaria le da contexto y la convierte en cumplimiento. Cuando ambas funcionan de manera integrada, dejan de ser una obligación administrativa para transformarse en una herramienta de gestión. Ese es, probablemente, el cambio más importante que estamos viviendo.
Existe una tendencia a percibir la facturación electrónica meramente como una imposición del regulador. ¿Cuál es el valor estratégico subyacente que las organizaciones suelen pasar por alto?
Muchas veces se presenta la facturación electrónica únicamente como un requisito legal. Sin embargo, su mayor aporte no está en reemplazar un documento de papel por uno digital. Su verdadero valor está en la información que genera. Cada factura refleja el movimiento de una persona o de una empresa.
Habla de clientes, ventas, compras, frecuencia de operación y comportamiento del negocio. Durante años utilizamos esa información casi exclusivamente para cumplir con una obligación tributaria. Hoy podemos utilizarla para entender mejor una actividad, detectar oportunidades y tomar decisiones con mayor rapidez y precisión.
Sin embargo, la adopción tecnológica no siempre es sinónimo de eficiencia. ¿Dónde radica el límite entre digitalizar un proceso y transformarlo verdaderamente?
Digitalizar, por sí solo, no alcanza. Si una factura electrónica termina siendo descargada, revisada manualmente y cargada nuevamente en otro sistema, la única diferencia es que dejamos de imprimir papel. La verdadera transformación ocurre cuando esa información circula automáticamente, elimina tareas repetitivas y permite que las personas dediquen menos tiempo a la administración y más tiempo a generar valor.
¿Cómo se traduce esta visión en la escala operativa actual de TAXit! y qué denominadores comunes encuentran al atender a perfiles de clientes tan diversos?
Eso es lo que vemos todos los días en TAXit!. Actualmente, más de 15.000 personas confían en TAXit! para gestionar sus impuestos. Más de 1.500 contribuyentes ya emiten sus facturas electrónicas desde nuestra aplicación, generando más de 7.000.000 de documentos electrónicos al mes. Así también, alrededor de 20 empresas, de distintos sectores, automatizan con nosotros más de 300.000 documentos electrónicos recibidos cada mes.
Trabajar con esa diversidad de personas y organizaciones nos permitió confirmar algo muy interesante: no importa si hablamos de un profesional independiente que emite unas pocas facturas al mes o de una empresa que procesa millones de comprobantes. En ambos casos, la expectativa termina siendo la misma: dedicar menos tiempo a la administración y más tiempo a hacer crecer su actividad. Las personas no quieren aprender de impuestos; quieren entenderlos y resolverlos de la manera más simple posible. Y las empresas no buscan acumular más información; buscan información que realmente les ayude a gestionar mejor.
En este nuevo escenario, conceptos como la automatización y la inteligencia artificial ganan terreno. ¿Cuál debería ser el enfoque correcto al incorporar estas herramientas?
En ese camino, la automatización y la inteligencia artificial tendrán un papel cada vez más importante. Pero creo que debemos dejar de verlas como un fin en sí mismo. Su verdadero valor aparece cuando ayudan a eliminar tareas repetitivas, reducen errores y liberan tiempo para que las personas puedan concentrarse en aquello que realmente hace crecer un negocio. Siempre digo que la mejor tecnología es la que casi no se nota; la que hace simple lo que antes era complejo.
Mirando hacia el futuro
En TAXit! también tuvimos que evolucionar. Nacimos con el propósito de simplificar la vida impositiva de las personas. Hoy ese desafío es mucho más amplio. Buscamos simplificar la gestión de personas y empresas a través de la tecnología, combinando conocimiento tributario, facturación electrónica y automatización para que la complejidad administrativa deje de ser una preocupación.
Estoy convencido de que la próxima transformación de nuestro sector no estará marcada únicamente por nuevas tecnologías, sino por una nueva forma de utilizar la información. Durante muchos años usamos los datos para cumplir con una obligación. En los próximos años, esos mismos datos marcarán la diferencia entre simplemente cumplir y gestionar mejor.
Porque cuando la información trabaja a favor de las personas y las empresas, los impuestos dejan de ser una carga administrativa para convertirse en una herramienta de gestión. Y si logramos que las personas piensen menos en sus impuestos y más en hacer crecer sus proyectos, entonces la tecnología habrá cumplido, realmente, su propósito.