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Estamos viendo una combinación muy interesante en los tres países. Cada uno tiene dinámicas distintas, pero comparten algo fundamental: una creciente atención de los inversionistas internacionales.
Paraguay se destaca por la consistencia de su crecimiento económico, la disciplina macroeconómica y la reciente consolidación de su perfil financiero con la obtención del grado de inversión. Uruguay continúa siendo reconocido por la estabilidad institucional y la previsibilidad de sus políticas, atributos muy valorados por el capital global. Argentina, por su parte, atraviesa un proceso de transformación económica que está generando un renovado interés internacional, particularmente en sectores como energía, minería e infraestructura.
Más allá de sus diferencias, los tres países presentan oportunidades concretas para transformar ese interés en proyectos de largo plazo y flujos sostenibles de inversión.
Como gerente regional, ¿cuáles son hoy las prioridades estratégicas de Citi para el Sur y qué ventajas ofrece integrar los tres países bajo un mismo liderazgo?
Nuestra prioridad es acompañar a los clientes corporativos e institucionales, aprovechando la fortaleza de la red global de Citi y nuestra presencia local en cada mercado.
El modelo regional nos permite tener una visión integrada de los flujos comerciales, financieros y de inversión que atraviesan Argentina, Paraguay y Uruguay. Muchos de nuestros clientes operan en más de un país y necesitan soluciones consistentes en tesorería, comercio exterior, mercados de capitales y financiamiento.
La integración bajo una misma conducción también fortalece el intercambio de mejores prácticas, acelera la adopción de innovaciones y nos permite asignar recursos y capacidades de manera más eficiente para responder a las necesidades de los clientes.
¿Qué tipo de acompañamiento prioriza Citi para sus clientes corporativos en este nuevo contexto macroeconómico?
Estamos priorizando tres áreas. La primera es acompañar a nuestros clientes en el acceso a financiamiento y mercados de capitales, especialmente en sectores que están captando un creciente interés internacional.
La segunda es ayudarlos a optimizar su gestión financiera mediante soluciones avanzadas de tesorería, liquidez, pagos y comercio exterior, aprovechando la escala global de Citi. La tercera es apoyar sus procesos de expansión internacional. Hoy vemos empresas que buscan integrarse más activamente a cadenas de valor regionales y globales, y allí la capacidad de Citi para conectar cerca de 180 países constituye una ventaja diferencial.
En un contexto de mayor disposición de los inversionistas a mirar la región, nuestro rol es ayudar a que los clientes estén preparados para captar esas oportunidades.
Citi acompaña a Paraguay en el mercado de bonos soberanos desde 2013 y fue clave en su asesoría hacia el grado de inversión. ¿Qué significó ese rol en la obtención de las calificaciones de Moody’s y S&P?
Hemos acompañado a Paraguay durante muchos años, en una relación de largo plazo de la que nos sentimos muy orgullosos.
Desde la primera emisión soberana internacional del país, en 2013, Citi lo ha acompañado en su diálogo con los mercados internacionales y las agencias calificadoras. Nuestro rol ha sido aportar experiencia global, compartir las mejores prácticas observadas en otros mercados y contribuir a comunicar los avances estructurales que Paraguay venía desarrollando desde hacía años.
La obtención del grado de inversión por parte de Moody’s y, posteriormente, de S&P representa el reconocimiento de un proceso consistente de fortalecimiento institucional, disciplina fiscal y estabilidad macroeconómica. Es un logro del país y, para Citi, es muy satisfactorio haber acompañado ese recorrido.
Más allá del costo financiero, ¿qué cambia estructuralmente para Paraguay al convertirse en una jurisdicción con grado de inversión y qué sigue en ese camino?
El impacto va mucho más allá de una reducción en los costos de financiamiento.
El grado de inversión coloca a Paraguay dentro del universo de mercados elegibles para numerosos inversionistas institucionales globales que, por mandato, antes no podían invertir en el país. Eso amplía significativamente la base potencial de capital y aumenta la visibilidad internacional.
También fortalece el ecosistema financiero local, favorece el desarrollo del mercado de capitales, impulsa nuevas inversiones productivas y puede generar un efecto positivo sobre las empresas privadas que buscan financiamiento o socios estratégicos.
El próximo paso es consolidar esos avances, mantener la consistencia de las políticas económicas y continuar fortaleciendo los factores que sustentan la confianza de largo plazo. Cada nueva mejora en la percepción de riesgo amplía el universo de oportunidades para el país.
Mirando los próximos años, ¿qué hito demostraría que este momento del Sur constituye un verdadero punto de inflexión?
La verdadera prueba será que el interés internacional se traduzca en inversiones concretas y sostenidas en la economía real.
No hablamos solamente de flujos financieros, sino de proyectos que generen capacidad productiva, empleo e integración con los mercados internacionales. En Argentina, eso se refleja en sectores estratégicos como energía y minería; en Paraguay, en el desarrollo de nuevas industrias y cadenas de valor; y en Uruguay, en proyectos vinculados con innovación, infraestructura y sostenibilidad.
Si dentro de algunos años vemos una mayor profundidad de los mercados de capitales, una cartera robusta de inversiones productivas y empresas locales expandiéndose internacionalmente, podremos afirmar que estamos ante un punto de inflexión genuino.
¿Qué condiciones necesitan fortalecer los países para aprovechar este momento?
Vivimos un momento particularmente interesante para nuestros países y para América Latina en general. Argentina, Paraguay y Uruguay tienen fortalezas diferentes, pero complementarias, y están más visibles que nunca para los inversionistas globales.
La tarea no consiste solamente en atraer capital, sino en estar preparados para aprovecharlo. Eso implica seguir fortaleciendo las instituciones, desarrollar proyectos atractivos, invertir en talento e impulsar mercados financieros cada vez más profundos y eficientes.
Desde Citi seguiremos acompañando a nuestros clientes y a los países donde operamos, conectándolos con oportunidades globales y ayudando a transformar la confianza en crecimiento sostenible.
¿Qué mensaje daría al sector privado de los tres países para aprovechar esta ventana de confianza internacional?
Este es el momento de prepararse.
Cuando aumenta el interés de los inversionistas, las empresas que cuentan con proyectos bien estructurados, estándares sólidos de gobernanza y una estrategia clara son las que capturan las mayores oportunidades. La confianza internacional no genera resultados por sí sola; debe transformarse en inversión, innovación y crecimiento.
Hoy el mundo está prestando más atención a nuestros países. La oportunidad está en convertir esa atención en desarrollo económico de largo plazo.


