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En un mercado donde los seguros colectivos de cancelación de deuda ya están consolidados, el verdadero desafío reside en la modalidad individual, una herramienta que debe dejar de verse como un gasto reactivo para integrarse como un pilar fundamental de la planificación financiera familiar y la protección de los sueños a largo plazo.
En el ecosistema financiero paraguayo, la cultura de la previsión atraviesa una transformación necesaria. Históricamente, el seguro de vida individual ha sido postergado por barreras culturales o una visión cortoplacista; sin embargo, eventos globales recientes han acelerado la conciencia sobre la vulnerabilidad del patrimonio ante lo imprevisto.
Para Lourdes Bordón, Subgerente Técnico de Personas en Panal Seguros, la clave reside en entender que esta cobertura no es solo una garantía económica ante el fallecimiento, sino una herramienta flexible que evoluciona con el asegurado, preservando la estabilidad del hogar y permitiendo que, ante cualquier contingencia, la familia no tenga que renunciar a sus objetivos de vida.
¿Cómo ha evolucionado la percepción del seguro de vida individual en el mercado local frente a la necesidad de una mayor planificación financiera?
A nivel individual, el seguro de vida históricamente es percibido más como un gasto que como una necesidad concreta. Esta visión responde a factores culturales y a una limitada educación financiera, donde no siempre se prioriza la planificación a largo plazo.
Sin embargo, a partir de eventos como la pandemia, esta percepción ha comenzado a cambiar, generando una mayor conciencia sobre la importancia de la previsión y la protección familiar.
En este contexto, las iniciativas de educación financiera impulsadas por la Superintendencia de Seguros y el propio mercado cumplen un rol clave en fortalecer este cambio hacia una visión más integral de la planificación financiera.
¿Por qué considera que todavía persiste la idea de que este respaldo es un gasto innecesario en lugar de una inversión en tranquilidad?
Esta percepción persiste porque no tenemos incorporado el hábito de anticiparnos; más bien, reaccionamos cuando el problema ya ocurrió. Es ahí cuando muchas familias enfrentan momentos de gran dificultad, recurriendo incluso a actividades solidarias para cubrir gastos urgentes ante la desaparición del ingreso principal.
El seguro de vida se percibe como gasto porque su beneficio no es inmediato, lo que dificulta valorarlo como una inversión de protección. Debemos replantear esta idea: contratar un seguro no significa esperar que algo malo ocurra, sino estar preparados para cuando surjan situaciones imprevistas con coberturas que, además, hoy pueden ser utilizadas en vida.
¿De qué manera un seguro de vida individual actúa como un protector de los proyectos a largo plazo de una familia?
Actúa como un respaldo silencioso que permite que los proyectos de una familia no se detengan, incluso en los momentos más difíciles. Detrás de cada hogar hay objetivos construidos con esfuerzo: la educación, la salud, la casa propia o la estabilidad general. Cuando ese equilibrio depende del ingreso de una persona, cualquier imprevisto pone todo en riesgo.
El seguro de vida permite que, ante lo inesperado, la familia cuente con los recursos necesarios para seguir adelante sin tener que empezar de cero o renunciar a lo que venía construyendo. No es solo una cobertura económica; es una forma de cuidar los sueños.
¿Cómo ayuda esta herramienta a garantizar la estabilidad económica ante situaciones que escapan al control de las personas?
Ante algún evento inesperado, a través de una indemnización previamente definida, la Compañía Aseguradora responde ante el asegurado o beneficiario de acuerdo con la cobertura contratada. Esto ayuda directamente a afrontar gastos corrientes, obligaciones financieras pendientes o procesos de reorganización económica necesarios tras un evento inesperado.
¿Qué papel juega el seguro de vida individual en la preservación del patrimonio y la continuidad del bienestar familiar?
El seguro de vida cumple un rol fundamental en la protección del patrimonio porque permite sostener el nivel de vida de la familia.
Otorga el tiempo y los recursos financieros necesarios para reorganizar la estructura del hogar, evitando la necesidad de liquidar activos de forma apresurada o malvender el patrimonio ante situaciones imprevistas.
¿Cómo se define el momento ideal para que una persona o un profesional joven decida contratar este tipo de cobertura?
El momento ideal es ahora, cuando no parece necesario. En la juventud, las personas suelen contar con mejores condiciones de salud, lo que hace que los costos sean mucho más accesibles. Es la oportunidad perfecta para planificar y anticiparse a futuras responsabilidades, como la formación de una familia o la consolidación de activos.
Empezar antes permite construir una protección sólida con el tiempo; se trata de ser proactivos y no de reaccionar cuando la necesidad ya se ha vuelto urgente.
¿De qué forma la flexibilidad de las pólizas actuales permite adaptarse a las diferentes etapas y estilos de vida de los asegurados?
Hoy los seguros se adaptan mucho más a la realidad de cada persona. No es lo mismo una póliza para alguien que recién empieza su vida laboral que para una persona con mayores responsabilidades familiares.
Cada uno puede definir el nivel de cobertura que necesita y ajustarlo a sus posibilidades de pago. Además, ese mismo seguro puede ir acomodándose a los cambios personales y profesionales con el tiempo, creciendo y cambiando junto con el asegurado sin necesidad de empezar de nuevo.
¿Qué mensaje le daría a quienes aún ven la previsión como algo lejano o postergable?
Los imprevistos suceden y, muchas veces, cuando menos los esperamos. Postergar esta decisión porque sentimos que es algo lejano es, precisamente, lo que nos deja más expuestos.
Debemos ver el seguro de vida como una herramienta que nos protege a nosotros y a nuestro entorno. Más que pensar en si va a pasar algo o no, se trata de vivir con la tranquilidad de saber que estamos respaldados ante cualquier circunstancia.
El seguro de vida individual ha dejado de ser una simple indemnización para transformarse en un componente esencial de la salud financiera.
Al entender la prevención como un acto de responsabilidad hacia los seres queridos, esta herramienta permite blindar la estabilidad del hogar y asegurar que los proyectos de vida no se vean interrumpidos por contingencias imprevistas. Esta visión estratégica demuestra que la verdadera previsión reside en la capacidad de gestionar el presente con la certeza de un soporte profesional.


