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FAMILIA CUETO –LIBRERIA MAITA
Todo empezó con la compra de una pequeña librería en 1965, que quedaba sobre 25 de Mayo y Yegros.
En comparación con librerías renombradas de la época como “Campo Vía” o “El Colegio”, Maita se fue ganando su lugar poco a poco, convirtiéndose en un espacio donde la gente no solo compraba útiles o libros, sino que también encontraba inspiración y cercanía. Lo más importante en esos inicios fueron los valores de compromiso, constancia y fe en lo que hacíamos.
Con el tiempo, esas raíces se convirtieron en la base de todo lo que somos hoy. Maita no nació de una estrategia de mercado, sino de una vocación: la de acompañar a generaciones de estudiantes, artistas y profesionales, siendo parte de sus historias.
Este espíritu fundacional se complementó con la capacidad de adaptarnos sin perder nuestra esencia, lo que constituye el principal factor que nos ha mantenido en el tiempo.
Aprendimos a reinventarnos con cada cambio: desde los tiempos en que todo era manual y se escribían los pedidos a mano, hasta la actualidad, donde lo digital y las redes sociales se volvieron parte de nuestro día a día. Supimos mirar hacia adelante, pero sin perder el alma del negocio.

Además, nos mantuvo el compromiso con la calidad y la confianza. Generación tras generación de clientes siguió eligiéndonos porque supimos construir vínculos reales. No solo vendemos productos; acompañamos momentos, sueños y proyectos. Esa conexión humana es, al final, el motor que nos mantiene vivos y con ganas de seguir creciendo.
En cuanto a nuestra estructura, combinar la familia con la empresa no siempre es fácil. Hay momentos en los que las emociones se mezclan con la gestión, y hay que aprender a encontrar equilibrio entre el cariño y la responsabilidad. Pero también es lo que hace que cada logro se sienta más profundo, porque no solo estamos defendiendo un negocio, sino una historia compartida.
Trabajar en familia nos enseñó a confiar, a discutir con respeto y a celebrar juntos. Nos obliga a mirar más allá del corto plazo, a pensar en el legado y en las personas que vendrán después. Y eso, al final, es lo que mantiene viva a Maita. Una empresa que se hereda por valores, por el ejemplo, y por la convicción de que todo lo que se hace con amor y propósito puede perdurar en el tiempo.


