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Información reducida en rentabilidad

Si analizamos a las grandes empresas e inversores que apuestan fuertemente por proyectos con altas probabilidades de rentabilidad en el futuro, encontramos que todas cuentan con un capital importante y que en cierta manera las une. No es el dinero, sino los datos, que mientras más se acumulan, más ventaja se tiene.

Los modelos de negocios de las compañías más importantes del mundo actualmente, tanto en el sector tecnológico como en otros, se basan y giran casi totalmente en torno a los datos. Mientras este insumo sea el principal, incluso el valor de estas empresas se ve aumentado. Recopilar e intercambiar datos genera un importante desplazamiento entre empresas y consumidores, tanto para bien como para mal. Las redes sociales, los móviles y las empresas de búsqueda realizan un seguimiento de la actividad de todos los usuarios para poder facilitar su labor de ofrecer servicios nuevos e individualizados.

Existe una mayor nivelación de campo de juego gracias al acceso a un mayor volumen de datos en la actualidad, por lo que se constituyen en un insumo crítico de la producción económica moderna, en conjunción con otros elementos tales como la tierra, el capital, la mano de obra y hasta incluso el mismo petróleo.

El sistema de datos actualmente alimenta algoritmos de inteligencia artificial cuyas predicciones hacen funcionar importantes aplicaciones, tales como vehículos autónomos, pruebas de dopaje, suministro de crédito y publicidad focalizada. Muchas personas son las que pueden usar los mismos datos simultáneamente y sin agotarlos, lo que se traduce en la posibilidad de estimular la productividad y el crecimiento a largo plazo.

El valor de los datos puede ser sumamente aprovechado una vez que estos son activados por muchas empresas o investigadores, que posteriormente compiten para poder innovar y generar conocimientos a su vez. Un sentido bastante particular del tratamiento de datos tiene que ver con el intercambio de información personal entre empresas, algo que deja con una gran desventaja estratégica a la persona cuyos datos están siendo transferidos de un lado a otro. En el caso de no existir una compensación para la misma, o si se da el caso de que esta no es consciente de la situación, puede verse muy perjudicada.

Resulta bastante costoso además evitar el robo de datos o el uso indebido de estos, por lo que es importante la inversión en la protección de la reputación con el objetivo de evitar una violación masiva de la seguridad de la información con la que se cuenta.

No obstante, y más allá de estos factores, la proliferación de datos es algo que brinda una importante oportunidad de crecimiento a través de la eficiencia y la innovación. Pero para que esto funcione de manera óptima, es necesaria la protección de la privacidad, la equidad y la estabilidad, y es en este sentido en el cual los gobiernos deben trabajar.

Las cuestiones que tienen que ver con el crecimiento, la competencia y la estabilidad han sido abordadas desde hace años por distintos ministerios y otros reguladores, y para que una política de datos sea totalmente eficaz se requiere un enfoque integrado con el objetivo de dilucidar disyuntivas sumamente complejas.

Estos retos y como enfrentarlos requieren de una alta cooperación entre los organismos de los distintos países, así como en lo que se refiere al ámbito internacional. En este último sentido, también se necesita de ayuda más allá de las fronteras para conjurar el riesgo de fragmentación de la economía digital, a raíz del cual el acceso a los datos estaría limitado por las zonas limítrofes de las naciones.

Existe un futuro prometedor en la economía de los datos, pero para que este se haga realidad, son necesarias las políticas acertadas.

El papel del Estado en este sentido es modernizar las políticas vigentes y hacer frente a tres dificultades que se encuentran bastante presentes actualmente. Estas son:

  • los mercados de datos son bastante opacos,
  • las empresas que acumulan grandes volúmenes de datos tienen incentivo para acapararlos,
  • y no está claro si las empresas hacen lo suficiente como para proteger los datos que almacenan.
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