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El fair play en los negocios

Por definición, los negocios son siempre un vaivén vertiginoso y cambiante de intereses que se ponen sobre la mesa para que puedan mantenerse al llegar a un eventual acuerdo. No obstante, la ética juega un papel importante en lo que respecta a la integridad de una organización que realiza negociaciones, por lo que siempre es importante conocer las cualidades que caracterizan al “juego limpio” empresarial.

El profesor Antonio Argandoña, perteneciente a la prestigiosa IESE Business School, explica que la ética de por sí no puede estar basada en una norma aceptada socialmente. Por definición esta es cambiante y, valga la redundancia, no siempre ética ni en los supuestos que la ciencia económica establece para que funcionen correctamente los mercados.

Argandoña opina que el rigor establecido en los negocios que plantea que es o se es ético o no es más bien una excusa, ya que el concepto admite una importante graduación en las conductas que pueden ser más o menos éticas. Entendiendo esto, la ética no es algo ganado de una sola vez, sino que se debe conquistar todos los días, admitiendo fracasos que se deben superar e introduciendo nuevas mejoras.

Para una empresa que aspira a la excelencia, la ética de los negocios debe ser el conjunto de condiciones de las personas y grupos de la organización y de la sociedad en que se mueve, que le permitirán conseguir a la empresa dicha cualidad, algo que está intimamente ligado a la consecución de los objetivos de las personas y de las comunidades humanas.

Entendiendo esto, la ética en una empresa no es un lujo, sino una necesidad consustancial a sus fines y a su actividad. Una vez que se afirma que la competencia, la tecnología o las mismas condiciones del mercado no le permiten a la organización comportarse éticamente, solo se deja en evidencia el fracaso de los que la dirigen.

Una empresa ética ¿Para qué?

Según Argandoña, una empresa que no sea ética no será buena ya que, por más elevados que sean los beneficios que obtenga, nadie coincidiría en que una organización excelente solamente sea capaz de mostrar resultados económicos espectaculares que también pueden conseguirse a través de actividades comerciales ilícitas como el narcotráfico.

Para el profesor Antonio, la empresa excelente no es aquella que llega a la perfección en cuanto a la “técnica”, sea correcta económicamente y agregue algunos “valores” sociales. La calidad ética empresarial debe ser fijada ya desde el mismo inicio de la organización, desde la descripción de sus metas, su visión y misión.

A este tipo de empresas, se les abrirá una gama impresionante de oportunidades gracias al clima de confianza creado en su entorno y por las capacidades que su equipo humano ha logrado desarrollar. Así mismo, no recurrirá a ciertas “salidas” que se le ofrecerán ya que las considerará inmorales.

El director de Investigación y Posgrado de la Universidad Cesun, con cede en Tijuana, Miguel Ángel Ramírez, con respecto a la ética en los negocios, señala que desde el siglo XVIII ha sido instalado el concepto de que la ética es una cosa y los negocios son otro, el cual al día de hoy todavía tiene muchos simpatizantes dentro de los propietarios y los ejecutivos de empresa.

Ya en el siglo XX, sin embargo, no han sido pocos los economistas que han advertido sobre el deterioro de la moral económica gracias al aumento de personas que han violado las leyes engañando a los consumidores, contaminando el ambiente, robando acciones y haciendo trampas contables.

Ramírez manifiesta que la falta de una fuerte conciencia ética a lo que se suma la práctica de subcontratar operaciones a quien ofrezca mayores ahorros en el costo de mano de obra, es una fuente innumerable de abusos. Según Murray, entre más corrupción exista en una economía menor inversión habrá, por lo que los negocios nunca podrán tener éxito sin una visión ética.

Es así que Miguel Ángel concluye que en lo que se refiere a la ética en los negocios, las corporaciones deben ofrecer autorregularse, siendo esto una garantía para evitar el fracaso y una inversión redituable. Si bien es cierto que las empresas deben regirse de acuerdo a un código de conducta explícito, se debe tener a su vez en cuenta quien es el que lo escribe.